La filmación histórica de katas de los años 70: Tomoji Miyamoto y el concepto del «borrador»
El extenuante rodaje en 16 mm de las 16 katas de Shotokan en un solo día y la visión de Shigeru Egami de una base pedagógica universal
El Maestro Shigeru Egami (izq.), su esposa Chiyoko y el Maestro Miyamoto
El 11 de julio de 2018, cuatro décadas después de haber sido concebida, vio la luz en Japón una joya histórica del karate tradicional: el libro con DVD Karate-do Kata Kyohon (Texto instructivo de las katas de Karate-do), firmado por el Maestro Shigeru Egami. La obra, un volumen de 247 páginas en encuadernación de lujo, rescataba los manuscritos inéditos que Egami redactó en la década de 1970 sobre las dieciséis katas fundamentales de Shotokan y Shotokai, acompañados de la digitalización completa y en color de una filmación histórica en 16 mm.
La cinta incluye un emotivo mensaje oral del propio Maestro Egami - moviendo sus dedos con su característico hábito taquigráfico - y la demostración técnica íntegra de las dieciséis formas a cargo de un joven Tomotsugu (Tomoji) Miyamoto.
Detrás de aquella filmación subyace una historia humana y marcial conmovedora: una orden inesperada, un maratón de grabación extenuante de un solo día que llevó al ejecutante al límite absoluto de sus fuerzas, y la revolucionaria noción filosófica del tatakidai (叩き台): el «borrador» o yunque pedagógico sobre el cual las generaciones venideras debían forjar su propio entendimiento.
Un encargo insólito: «Haz tú solo todas las formas»
A mediados de los años setenta, el Maestro Egami, sucesor oficial del Gran Maestro Gichin Funakoshi al frente del Shotokan, observaba con creciente preocupación el devenir del karate en el Japón de posguerra. La proliferación de torneos universitarios y reglamentos deportivos estaba desvirtuando la raíz del budo, transformando formas milenarias en meros ejercicios gimnásticos orientados a la puntuación.
Resuelto a dejar un testimonio riguroso que conjugase la ortodoxia de Funakoshi con sus propias décadas de investigación sobre el cuerpo relajado y el golpe penetrante, Egami comenzó a redactar un texto exhaustivo sobre las katas. Cuando llegó el momento de registrar el archivo visual en película de 16 mm, convocó a su despacho a Tomoji Miyamoto, quien entonces contaba con treinta años de edad.
"Pensé que el maestro me preguntaría cuál era mi kata favorita", recordaba Miyamoto. "En nuestra escuela había grandes veteranos considerados los máximos especialistas de formas concretas: alguien famoso por su Kanku Dai, otro reconocido por su maestría en Hangetsu o Bassai. Pero el Maestro Egami me entregó de golpe todo el manuscrito y me dijo serenamente: 'Tú vas a realizar todas estas formas solo'".
Miyamoto quedó paralizado de asombro. Ejecutar las dieciséis katas canónicas ante las cámaras era una responsabilidad colosal que lo expondría al juicio riguroso de todos los maestros y veteranos de Japón.
"Me quedé sin palabras", relataba Miyamoto. "Lo único que alcancé a balbucear fue: 'Por favor, espere un momento, Sensei. En ese caso, ¿podría darme algo de tiempo para entrenar y prepararme?'
El Maestro Egami me miró fijamente y respondió: 'Aunque te diera más tiempo, dirías exactamente lo mismo cuando llegara el momento de encender las cámaras. Es un ciclo que nunca terminaría. Limítate a dar lo mejor de ti con las fuerzas y la honestidad que tienes ahora mismo'".
El maratón de una sola jornada: Filmar hasta el agotamiento extremo
Debido a las limitaciones presupuestarias y a los ajustados plazos del equipo de producción, el rodaje íntegro en 16 mm tuvo que completarse en una única jornada intensiva.
La filmación comenzó de manera metódica con las cinco formas básicas Heian (Shodan a Godan) y Tekki Shodan. En las primeras horas, Miyamoto conservaba la frescura física y ejecutaba los movimientos con nitidez y aplomo. No obstante, a medida que avanzaba el día, las exigencias del equipo técnico se volvieron abrumadoras.
El Maestro Tomoji Miyamoto a los 30 años demostrando kata en el dojo Shotokan ante el Kamidana sintoísta, filmado en 16 mm para el texto de archivo del Maestro Shigeru Egami.
Al llegar a las katas superiores - largas, complejas y de enorme demanda muscular, tales como Bassai Dai, Kanku Dai, Hangetsu, Jitte, Enpi, Gankaku, Jion, Chinte y Meikyo -, las repeticiones se multiplicaron:
- Las formas completas se grababan desde un plano frontal principal.
- Se requerían tomas adicionales desde ángulos diagonales y laterales.
- Se empleaban cámaras especiales de alta velocidad para registrar en cámara lenta los giros sutiles, los desplazamientos y la mecánica del impacto.
En formas como Gankaku, que exige giros en salto y equilibrios explosivos sobre una sola pierna (tsuru-ashi-dachi), la acumulación de repeticiones bajo los potentes focos de iluminación se transformó en una verdadera ordalía física.
"Al contemplar la película remasterizada cuatro décadas después, puedo ver con claridad cómo mis piernas empezaban a temblar en la segunda mitad", confesaba Miyamoto con sincera modestia. "Empezamos con las Heian, pero al llegar a los giros y saltos de las formas avanzadas, los técnicos no paraban de pedir: '¡Otra vez desde este ángulo!' y '¡Otra vez para la cámara lenta!'
Al final de aquella jornada, mis piernas flaqueaban por el agotamiento muscular más absoluto. Durante décadas detesté volver a ver esa grabación porque revivía en mi cuerpo el sufrimiento físico de aquel rodaje".
Sin embargo, para cualquier observador experimentado, es precisamente esa pérdida de tensión muscular forzada lo que confiere a la ejecución de Miyamoto una naturalidad y una gravedad marcial extraordinarias.
La filosofía del «borrador» (Tatakidai)
¿Por qué se empeñó Shigeru Egami en que un joven de treinta años ejecutara en solitario todo el repertorio, en lugar de convocar a un elenco de ilustres maestros consagrados?
La respuesta desvela la infinita sabiduría y humildad pedagógica de Egami. En sus conversaciones con Miyamoto, el maestro utilizó el concepto japonés de tatakidai (叩き台, literalmente un yunque o tabla de despiece, término empleado comúnmente para designar un borrador de trabajo o una propuesta abierta para ser contrastada):
"El Maestro Egami me explicó: 'Nadie es capaz de crear una obra perfecta. Es muy probable que todo el mundo critique tu ejecución e incluso que recibas reproches o calumnias. Pero aun así, dentro de cinco, diez o cincuenta años, de esa base surgirá algo auténtico: un nuevo modelo fundamental para quienes continúen la senda de Gichin Funakoshi. Por eso quiero apelar a través de este proyecto a la necesidad de contar con un estándar, un punto de partida'".
Egami comprendía que si un maestro anciano y consagrado presentaba una kata supuestamente «impecable», la forma se convertiría en un dogma petrificado e intocable, inmune a la reflexión viva. Al encargar la tarea a un discípulo joven, sincero y riguroso, Egami ofrecía a la comunidad marcial un marco de referencia accesible y honesto.
Invitaba al análisis colectivo: "¿Cómo debe coordinarse esta cadera? ¿Cuál es la intención marcial de este desplazamiento?" La filmación no nació como un monumento de vanidad, sino como un punto de encuentro para el estudio.
Estandarización frente a dispersión: Recuperar la gramática común
Para comprender el valor de este proyecto, es imprescindible situarlo en el contexto de las investigaciones radicales de finales de los años sesenta.
Hacia 1965-1970, el Maestro Egami, junto a Hiroyuki Aoki y el grupo experimental Rakutenkai, exploró los límites psicofísicos del karate tradicional. En las concentraciones de verano en la playa de Iwai y retiros de montaña, los practicantes realizaban saltos continuos, desplazamientos agigantados que cruzaban el dojo en un solo paso y entrenamientos a oscuras para agudizar la percepción intuitiva.
Aunque aquellas prácticas liberaron al cuerpo de tensiones enquistadas y abrieron nuevas dimensiones de sensibilidad, generaron una consecuencia involuntaria: la estructura formal de las katas comenzó a diluirse.
"En aquellos entrenamientos, nuestros movimientos eran tan amplios que cruzábamos todo el dojo de una sola zancada, casi corriendo a lo largo de la kata", explicaba Miyamoto. "El Maestro Egami reconoció que, si bien aquello constituía un ejercicio extraordinario para trascender los límites físicos, no podía convertirse en el modelo normativo de la forma".
El peligro era evidente: sin un patrón claro, el karate tradicional corría el riesgo de degenerar en hábitos individuales inconexos.
"El maestro decidió que necesitábamos una forma estándar (hyojunteki na kata) a la que cualquier practicante pudiera regresar", señalaba Miyamoto. "No era posible volver mecánicamente a la época previa a la guerra, porque nuestros golpes y posturas habían evolucionado hacia una mayor penetración y fluidez. Pero era indispensable definir la estructura de las katas desde Hokkaido hasta Okinawa.
La meta era forjar un lenguaje común, de modo que cualquier alumno que entrara a un dojo Shotokai en cualquier rincón de Japón reconociera al instante: 'Ah, esta es la misma kata que me enseñó mi instructor. Estamos practicando el mismo karate'".
El Maestro Tomoji Miyamoto demostrando el enraizamiento profundo y la extensión relajada durante el histórico rodaje en 16 mm.
La distinción entre ataque y defensa en la pedagogía de las formas
Una aportación fundamental del testimonio del Maestro Miyamoto atañe al sentido práctico de las técnicas tradicionales.
En el karate como budo, un axioma central sostiene que toda parada o defensa (uke) es en realidad un ataque encubierto (atemi). En el Shotokai de posguerra, esta convicción caló tan hondo que muchos practicantes avezados prescindían de la mecánica defensiva, transformando, por ejemplo, un bloqueo bajo (gedan barai) en un impacto directo contra la ingle o el muslo del adversario.
El Maestro Egami advirtió que, si bien tales aplicaciones combativas surgen de manera espontánea en niveles avanzados, enseñarlas prematuramente a los principiantes arruinaba la comprensión estructural de la forma:
"En las fases iniciales del aprendizaje, es indispensable delimitar con absoluta claridad el golpe y la parada", puntualizaba Miyamoto. "Si no se asimila primero la trayectoria limpia de la defensa y del contraataque, el movimiento se vuelve impreciso y confuso. Una vez asentada la base, las aplicaciones marciales más profundas aflorarán con naturalidad".
La película y el texto de los años setenta se diseñaron con ese rigor pedagógico: trayectorias nítidas, posturas bajas y estables (fudo-dachi y zenkutsu-dachi) y transiciones fluidas que rinden tributo a la herencia del Gran Maestro Funakoshi al tiempo que reflejan el poder relajado y penetrante de Egami.
Un legado que perdura en el tiempo
A la muerte de Shigeru Egami en enero de 1981, el manuscrito de las katas quedó en custodia de su familia y sus discípulos más leales. Su publicación en 2018, acompañada de la restauración del metraje original de 16 mm, supuso un acontecimiento editorial y marcial de primera magnitud.
Al rememorar aquel agotador día frente a las cámaras cuarenta años atrás, el Maestro Tomoji Miyamoto comprendió que la visión de su maestro se había cumplido plenamente. Aquella filmación nunca buscó deslumbrar con un virtuosismo inaccesible; fue concebida como una puerta abierta, una invitación honesta a investigar los principios eternos del Karate-do.
Como proclamó el Maestro Egami en su saludo introductorio del DVD:
"La kata no es una simple combinación de técnicas exteriores. Es la cristalización del corazón, la mente y el espíritu de nuestros predecesores. A través de su repetición sincera, no se busca el conflicto, sino el encuentro con la esencia misma de la vida".
Referencias y fuentes de archivo
Artículo elaborado a partir de las declaraciones históricas del Maestro Tomoji Miyamoto y la obra monográfica:
- Monografía: Shigeru Egami, Karate-do Kata Kyohon with DVD (Texto instructivo de las katas de Karate-do con DVD), 247 págs., publicado por el Departamento Editorial Kotsu / Co2, Tokio, Japón (11 de julio de 2018). Edición de lujo con manuscritos originales de Egami, mensaje sonoro y demostración técnica y comentarios de Tomotsugu Miyamoto.
- Entrevista fuente: "Mi maestro, Shigeru Egami" - Parte 2: "El significado de 'un punto de partida'" (Tatakidai no Imi), publicada el 1 de agosto de 2018 por el Departamento Editorial Co2 (
ko2.tokyo). - Narración: Maestro Tomotsugu (Tomoji) Miyamoto.
- Colaboración: Ken Egami.