EL SEPPUKU O HARA-KIRI

Por Bryn Williams

 

"Quienes se aferran a la vida mueren, quienes desafían a la muerte sobreviven"
Uyesugi Kenshin (siglo XVI)

 

SEPPUKU (Suicidio ritual por Desentrañamiento)

El Seppuku como tal no está relacionado con el karate aunque, en cuanto a su práctica, observada por los Samurais, existen algunas vagas conexiones psicológicas Es verdad, ciertamente, que les fascina a muchos karatekas que ven a Japón con la misma veneración que guardan los musulmanes hacia la Meca. Por lo tanto, es por motivos de interés más que de pertinencia que ha sido incluida la siguiente sección.

Para los Samuráis, la muerte significaba un asunto de honor, y la muerte por vejez y por causas naturales no era algo deseable. Como lo creían los antiguos griegos, una muerte noble, temprana y violenta era un signo de predilección de los dioses, su ideal era "Vivir bellamente y morir de manera hermosa". De allí la adopción del capullo de cerezo como emblema del Samurai... bello y efímero. Un día en pieno florecimiento, al dia siguiente abatido por la tormenta. "Vivir por siempre feliz" era un concepto extraño por completo y sigue siéndolo en la literatura japonesa moderna. Sin embargo, buscar la muerte deliberadamente era un signo de cobardía y escapismo. Un hombre notable viviría su existencia de un modo tan noble como pudiese y sólo en determinadas circunstancias prescritas podía recurrir al Seppuku o Hara- kiri (que significa literalmente "cortadura del vientre") como un escape honorable. Estas circunstancias se referían a vengar a los amigos, pagar un crimen o error, o evitar el deshonor. El ejemplo más famoso de Seppuku multitudinario lo encontramos en "47 Ronin" cuya historia está escrita en obras de Kabuki y por su valía, para el japonés equivale a una tragedia griega.

La narración es la siguiente. En 1703, dos daimyo, los señores Asano y Kira, estaban presentes en ia corte imperial. Surgió una discusión en la cual Kira insultó a Asano. Con esto Asano desenfundó su sable e hirió a Kira. Por ser un crimen desenfundar un arma en la corte imperial, Asano fue condenado a morir por medio de Seppuku, dejando sin su amo a 47 Samuráis. Por lo que determinaron vengar a su amo y entraron por la noche a la mansión de Kira, exigiendo que él también llevara a cabo el Seppuku. Al negarse a hacerlo, le cortaron la cabeza y la pusieron sobre la tumba de Asano. Luego todos perpetraron el Seppuku y fueron sepultados a su lado. Este acto es venerado en Japón como una manifestación de absoluta lealtad y anualmente lo celebran con servicios conmemorativos.

E1 Seppuku también fue institucionalizado bajo un estado formal de ejecución que permitía a la víctima retener su honor al imponerse a sí misma la muerte. Una costumbre semejante prevaleció tambien en Roma- La narración siguiente de un Seppuku convencional está registrada en Tales of Old Japan, de Mitford (luego lord de Redesdale).

"Fuimos invitados - siete representantes extranjeros- a acompañar a los testigos japoneses al hondo o sala principal del templo, donde iba a ser efectuada la ceremonia- Era un escenario imponente. Un gran salón de elevado techo sostenido por oscuros pilares de madera. Del cielo raso colgaba una gran variedad de enormes lámparas de oropel y ornamentos peculiares de los templos budistas. Frente al altar elevado, y sobre el piso, cubierto con bellas esteras blancas, y a una altura de ocho o diez centímentros del suelo, estaba tendida una alfombra de fieltro escarlata. Largas velas colocadas a intervalos regulares proyectaban una luz difusa y misteriosa estrictamente suficiente para permitir que fuesen vistos los procedimientos. Siete japoneses tomaron sus sitios a la izquierda del piso en alto, y siete extranjeros a la derecha. Eran los únicos.

"Después de un intervalo de unos cuantos minutos de intensa expectación, Taki Zenzaburo, hornbre fornido de treinta y dos años de edad, entró al salón. con un aire de nobleza, ataviado en traje de ceremonia, con las peculiares alas de tela de cáñamo usadas para las grandes ocasiones. Estaba acompañado por un kaishaku y tres oficiales, quienes vestían el jimbaori, o peto de guerra tejido de oro al frente. Hacemos notar que la palabra kaishaku no equivale al término verdugo. E1 título es el de un caballero; y en muchos casos es un cargo desempeñado por un familiar o amigo del condenado; y la relación entre ellos es más bien el de un principal y un segundo que el de víctima y verdugo. En este caso, el kaishaku era un discípulo de Taki Zenzaburo, y fue seleccionado por su habilidad en esgrima de entre los amigos de este último.

"Taki Zenzaburo avanzó lentamente con el kaishaku a su izquierda en dirección a los testigos japoneses; se inclinaron ante ellos y después se aproximaron a nosotros y nos saludaron en la misma forma, aunque quizá con mayor consideración; en cada caso, el saludo fue correspondido ceremoniosamente. E1 condenado ascendió con lentitud y gran dignidad al piso elevado, se postró dos veces ante el altar en alto y se sentó en la alfombra de fieltro con la espalda hacia el altar, y de rodillas a su izquierda el kaishaku. Entonces avanzó uno de los tres oficiales ayudantes, portando un atril de los empleados en el templo para hacer oblaciones. Sobre el atril estaba la wakizashi, la espada corta o daga de los japoneses de veinticuatro centímetros de longitud, con una punta y un filo tan cortantes como una navaja de afeitar. Postrándose, la entregó al condenado, quien la recibió con reverencia, levantándola hasta su cabeza con ambas manos, y poniéndola frente a él.

"Luego de otra reverencia profunda, Taki Zenzaburo, con una voz que reflejaba gran emoción y vacilación como era de esperarse en un hombre que hacía una dolorosa confesión; pero firme en su cara y su actitud, habló como sigue:

"Yo, y solamente yo, injustificadamente di la orden de disparar contra los extranjeros en Kobe y de nuevo lo hice cuando intentaban escapar. Por este crimen me desentraño y ruego a los presentes me hagáis el honor de presenciar el acto".

"E1 que habló dejó que sus ropas superiores se deslizaran hasta su faja, inclinándose una vez más, y quedó desnudo hasta la cintura. Con cuidado, según la costumbre, recogió sus mangas bajo sus rodillas para evitar caer hacia atrás; porque un caballero japonés noble debe morir cayendo hacia adelante. Tomó con mano firme y decidida la daga que estaba frente a él; la miró, pensativo, casi con afecto; pareció repasar por un momento sus pensamientos por última vez y luego se acuchilló profundamente abajo de la cintura, del lado izquierdo y llevó la daga con lentitud a su lado derecho y volviéndola hacia la herida, hizo un corte leve hacia arriba. Durante esta operación angustiosamente dolorosa no movió un solo musculo de su cara. Cuando extrajo la daga, se inclinó hacia adelante extendió el cuello y por primera vez cruzó por su cara una expresión de dolor, pero jamás emitio ningún lamento. En ese instante, el kaishaku, que había estado observando con atención cada uno de sus movimientos, de rodillas a su lado, se puso de pie de un salto y en un segundo levantó su sable en el aire; hubo un relámpago, un golpe feo, pesado, y una caída estrepitosa; la cabeza había sido separada del cuerpo de un solo golpe.

"Prosiguió un silencio de muerte, interrumpido sólo zor el horrible ruido de la sangre que salía a borbotones del bulto inerte frente a nosotros, que tan sólo un momento antes había sido un hombre valiente y caballeroso. Fue horrible.

"El kaishaku hizo una inclinación profunda, limpió su sable con una hoja de papel preparada para ese propósito, y se retiró del piso elevado; y la daga manchada de sangre fue retirada solemnemente, como prueba sangrienta de la ejecución.

"Entonces los dos representantes del Mikado abandonaron sus sitios y cruzaron hasta donde estábamos sentados los testigos extranjeros; nos pidió atestiguar que la sentencia de muerte de Taki Zenzaburo había sido cumplida fielmente, salimos del templo terminada la ceremonia".

El lector puede pensar que el Seppuku es una práctica feudal alejada completamente del espíritu del Japón moderno. Sin embargo, fue únicamente en 1970 cuando Jukio Mishima, el renombrado escritor, dramaturgo, nacionalista y entusiasta deportista japonés, siguió la práctica antigua y se hizo el Harakiri. Admiraba las tradiciones de su patria y creía que el Japón moderno estaba abandonando sus derechos naturales al adoptar las costumbres de Occidente. Habló en una asamblea militar, acompañado por sus partidarios más allegados y trató de obtener respaldo para un levantamiento militar destinado a reincorporar al Japón, a sus costumbres tradicionales. Al fracasar recurrió a la salida tradicional del Samarai. Tal vez el espíritu del Japón feudal está considerablemente más próximo a la superficie de lo que suele suponerse.


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