Interrogante sobre la transmisión e hipótesis

Extraído del libro:
Histoire de Karaté-dô
Escrito por Kenji Tokitsu
[Link al sitio oficial del Maestro Kenji Tokitsu]
Editorial SEM, Paris
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Shigeru Egami profundizó con pasión en el karate que aprendió de Gichin Funakoshi. En el curso de su búsqueda de eficacia duda de sus técnicas. Para resolver este problema lleva a cabo una investigación personal y afronta un gran número de obstáculos, entre otros, sus enfermedades que se agravan cuando sobrepasa los cuarenta años de edad.

La vía del karate de Shigeru Egami resulta un método de paz, heiho. Cierto, su alejamiento es personal, pero representa de la manera más evidente una de las direcciones en las que el karate de Okinawa evolucionó en las islas centrales de Japón.

En efecto, como escribió Shigeru Egami, el heiho como acabó definiendo su karate sumerge sus raíces en la cultura japonesa antigua. Shigeru Egami trabajó largamente bajo la dirección de Gichin Funakoshi. Recibió de él ciertamente unos consejos y una enseñanza para la formación de su karate. En efecto, dijo claramente que continuaba la vía trazada por su maestro. ¿Por qué entonces se atormentó tan duramente para reconstruir su karate? Si la transmisión del maestro era efectiva, este último podía dar aún consejos y lecciones, incluso siendo mayor.

Así es, Gichin Funakoshi murió en 1957 cuando Shigeru Egami tenía 45 años. Habiendo empezado el karate a los 18 años, Shigeru Egami conoció a Gichin Funakoshi durante 27 años. Siendo uno de los discípulos más importantes, pudo recibir las indicaciones prácticas que le habrían debido permitir concebir una perspectiva de evolución de su karate de allí en adelante.

Ahora bien, aun con sus conocimientos y sus posibilidades, debió poner en duda y empezar otra vez la construcción de su karate; podemos pues considerar que los conocimientos que le aportó el karate tradicional no eran tan importantes ya que, generalmente, en la transmisión del arte del combate, existen indicaciones para la evolución de una persona. Un principiante progresa, con el tiempo recibe del maestro indicaciones evolutivas y al cabo de diez o veinte años de ejercicios, estos le ayudan a encontrar una orientación que dirigirá su práctica en los siguientes diez o veinte años. Sin embargo, en el transcurso de su investigación Egami abandona el ejercicio de makiwara, inseparable de la imagen del entrenamiento de karate y llega a condenar su misma existencia; además, transforma audazmente las técnicas adquiridas hasta entonces. ¿Qué significa esto?

En lo que concierne al makiwara, hay dos posibles hipótesis:

  1. Para el verdadero karate o el karate superior que es para Egami su karate, el ejercicio con makiwara no es solamente inútil, sino nocivo. Frena el progreso técnico y tiene una influencia nefasta sobre la salud. Se trata pues de una crítica del antiguo método de karate de Okinawa hecho a partir del descubrimiento de un método superior.
  2. Shigeru Egami no aprendió el verdadero empleo del makiwara ya que no comprendió su utilización justa. Admitiendo esta hipótesis, G. Funakoshi no enseñó correctamente a sus alumnos el ejercicio del makiwara. Esto nos deja suponer que en Okinawa existe una transmisión del trabajo con makiwara que permite obtener un resultado más positivo del que Shigeru Egami constató, pero este método no se enseñó en el karate introducido en Japón.

En todo caso, apoyándose en la idea del heiho, Shigeru Egami forma un karate que es completamente diferente al que se practica en Okinawa. La noción de heiho es una de las formas de resultado de las artes marciales japonesas, donde, yendo hasta el final de la búsqueda de la eficacia en combate, el objetivo se desplaza de la muerte hasta la vida.

Esta noción se acerca a la del budo cuyas raíces se sumergen en la práctica de las artes marciales de los guerreros japoneses. El heiho, como el budo, no es un simple arte de combate, ni un replanteamiento directo de las antiguas prácticas de los guerreros, uno y otro apuntan a una formación del hombre a partir de la práctica de las artes marciales. Si bien el término budo existió antes del periodo Meiji (que empieza en 1868), la significación era entonces sensiblemente diferente de la que damos actualmente a este término.

La noción de budo que utilizamos hoy en día se remonta directamente a la fundación, a principios del S.XIX del judo y después del kendo a partir de formas antiguas de jujutsu y de kenjutsu. Se trata pues de una noción moderna. La noción de heiho apareció bastante antes en la historia de los guerreros japoneses, pero no fue elaborada como la de budo por la práctica moderna de las artes marciales; quedaba al margen de la práctica guerrera como una eventual sublimación de las artes guerreras. La idea del arte marcial se desarrolló en Japón según las etapas siguientes: cómo ganar destruyendo al adversario, cómo ganar utilizando menos fuerza, cómo ganar sin matar al adversario, cómo ganar sin hacer daño a su adversario, cómo no hacer la guerra y finalmente cómo establecer la paz. Ciertos guerreros del periodo Edo (1603-1867) incluyeron esta idea en su elaboración del arte de combate pero no fue difundida ampliamente y es si haber sido explicitada que penetra en la ideología de las artes marciales de los guerreros. Podemos constatar la emergencia de heiho y budo en el enfoque de los maestros de sable del siglo XVII.

Por ejemplo, Miyamoto Musashi libró más de sesenta duelos a muerte durante su juventud y mató a casi todos sus adversarios. Los combate del fin de su vida son poco conocidos. Musashi domina entonces sus adversarios sin darles un golpe. Alcanzó el nivel que le permitía bien inmovilizar, bien rechazar a su adversario sin tocarlo. No se trataba de ejercicios con alumnos próximos, sino adversarios que buscaban darle una estocada mortal. Cuando el adversario pierde en estas condiciones sin recibir un golpe, está conducido a una reflexión profunda sobre su técnica, su manera de ser. Se trata de un descubrimiento importante en la historia del arte del sable ya que, en lugar de matar, el sable puede convertirse en un medio de llevar al hombre a la búsqueda de la significación de su vida. Aparece la idea del sable que hace vivir al hombre. Esta idea presente en la noción de heiho e impregna con profundidad la concepción de las artes marciales de los guerreros japoneses del periodo Edo (bujutsu). Vencer al adversario sin darle un golpe es el modelo de referencia de lo que se busca en kendo con el combate por kizeme (ofensiva a través del ki). En kendo, todos los aprendizajes técnicos y los ejercicios físicos se sitúan como medios de conseguir llevar el combate de esta manera. La práctica deportiva del combate está también situada como un paso en este largo proceso de formación.

Así, las dos nociones, budo y heiho, están ancladas profundamente en la cultura tradicional de los guerreros japoneses; no forman parte de la cultura de Okinawa cuya formación cultura es bastante diferente de la cultura del Japón. En este sentido, podemos considerar que el karate del Maestro Shigeru Egami es una creación entre la fusión del karate de Okinawa y de la concepción de la práctica en las artes marciales japonesas.

El karate, introducido desde Okinawa en las islas centrales del Japón en el curso de los años 1920, se desarrolló progresivamente. Hay que aceptar que en el curso de la difusión del karate, este ha evolucionado en Japón fusionándose con las dos ideas de las artes marciales tradicionales japonesas. El karate de Shigeru Egami es un ejemplo.

Traducido al español por Xavier Mínguez, Shotokai de España


parte 7
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