Memorias de un entrenamiento especial Shotokai

Hay que decirlo, mi primera encuentro con los entrenamientos especiales Shotokai fue toda una experiencia.

Me acuerdo que cuando ya la fecha del evento se acercaba tuve la mala fortuna de romperme el nudillo del dedo anular. A pesar de que los primeros 8 días después de que me pusieron el yeso me deprimí y dejé de entrenar, me recurperé y comencé nuevamente a entrenar asesorado por Heyden Sensei en cuanto a técnicas de "manco". Cuando llegó nuestra ya tradicional caminata de 100 km. sin parar a Laja, participé con yeso y me fue excepcionalmente bien. Esto me animó más, a pesar de mi limitación estaba en buena forma.

Aun así me preguntaba si mi nudillo recién sanado podría soportar el intenso entrenamiento previo al E.E. y si sobreviviría el mismo especial? Cuando me quitaron el yeso seguí mi entrenamiento intensivo con mi mente puesta en el evento. Las cosas no se veían muy bien, mi nudillo estaba muy hinchado y los entrenamientos de Gohon Kumite o cosas equivalentes no ayudaban a curarlo. Pagué el dinero para el evento un mes más o menos antes del evento y no seguí cuestionando mi participación.

Un día, durante nuestro habitual entrenamiento preparatorio para el especial de los sábados, Heyden Sensei apareció para guiar el entrenamiento. Esto lo hizo de una manera muy exigente (ahora me queda claro que la intención era filtrar los débiles y mal preparados y evitarles el sufrimiento del especial, creo que ese entrenamiento redujo de 12 a 3 los que fueron al especial :-), siguió una sesión muy intensa de diversas técnicas oikomi, algunos "juegos", diferentes técnicas sin parar y todo terminó con 100 (o eran más) yoko geri kekomi a cada lado, combinado con flexión de piernas hasta el suelo, algo que después de todo lo anterior no me fue posible terminar. Después de esa sesión, terminé muy triste, deprimido, con lagrimas en los ojos, sentía que había estado muy mal, enojado conmigo mismo, me decía que "si no podía aguantar ese entrenamiento que me esperaba en el especial", no estaba suficientemente bien como para ir... Fuimos interceptados, mi compañero Germán y yo, por un cinturón verde que mucho respetaba, él nos había visto en el entrenamiento desde fuera, nos comentó que nos había observado y que lo habíamos hecho muy bien (!!?). Yo estaba pensando exactamente lo contrario. Como resultado de esto nuevamente comencé a ponderar ir al especial, de hecho es su culpa que fui al especial ese año y en seguramente del hecho que aún estoy en Shotokai y se lo agradezco mucho.Acuérdense lo importante que pueden ser unas pocas palabras de aliento para sus compañeros en tiempos difíciles.

El mes de entrenamiento que siguió fue dirigido por uno de los altos grados entre los estudiantes Shotokai de la Universidad, un cinturón café llamado Rodrigo Pino. El era ya veterano de dos entrenamientos especiales en ese momento y sabía de qué se trataba. Seis días a la semana en las mañanas entrenábamos con él, repasando los distintos tipos de sesiones a las que nos somenterían durante el especial. No lo sabíamos pero en ciertas cosas resultó más exigente que el mismo especial... En dos sesiones nos preparó para el Gohon Kumite (combate predefinido a cinco pasos) que se hace a toda velocidad y sin parar los golpes. Rodrigo era en ese momento el más rápido de los karateka de la Universidad y uno de los más rápidos de la escuela en general, además de ser un poco bruto, no controlaba sus golpes y menos con los novatos. Tuve que ser su pareja tres veces y me la pasé rodando en el suelo la mayor parte del tiempo gracias a los primeros dos o tres golpes que recibía de lleno en mi pecho y estómago. Después de un corto rato tenías todas las ganas de dejarlo knock out (por lo menos) para que no tuviera que recibir más golpes o parar sus ataques, tan duro era entrenar con el.

Un día llegó el Entrenamiento Especial, estabamos muy bien preparados, aunque no lo sabíamos, ahora pienso que pocas veces he estado en tan buen estado físico como las veces que he ido al E.E. Por otro lado estabamos muy asustados, principalmente por las historias de horror que circulaban sobre ese evento. El suelo de tierra, las abundantes espinas, rocas, los calambres, las largas sesiones de entrenamiento, la falta de tiempo de recuperación, la tiesura, los golpes y moretones, las ampollas y hoyos en la planta de los pies, la sangre y etc....!! En realidad no queríamos creerlo pero muchas de las cosas resultaron ser exactamente como las historias de horror, pero no había vuelta, o terminábamos las 8 sesiones en los siguientes cuatro días o no eramos ya parte de Shotokai, era superarlo o superarlo, no había opción.

En realidad los E.E. duran cinco días pero el primer días sirve para instalar las carpas, organizarse, dividir tareas, limpiar, hacer comida, y ponerse nervioso. Cuando partimos de Concepción a Laja, luego de firmar un documento que eximía de toda responsabilidad a Shotokai por daños físicos y sicológicos de cualquier tipo, me acuerdo que pensaba que no volvería vivo, estaba muy asustado pero no le dije a nadie.

Las sesiones fueron muy duras y aunque tenía los pies vendados muy bien (mi principal miedo) sufrí con las espinas, principalmente entre los dedos y con la fricción aun con los vendajes, que igual no más no duraban mucho tiempo. Uno de los aspectos interesantes era la situación grupal es que te ayudaba a entenar más duro y dar más que tu 100%, estabas en mejor estado físico y el ambiente te daba energía extra, un espíritu más fuerte, las rocas te punzaban los pies pero igual continuabas.

Una anécdota que me acuerdo en este momento era un joven al otro lado de la calle del lugar cuando estabamos en la segunda sesión de Kihon. Era una sesión de tarde y estaba sentado a unos cincuenta metros cerca de un pequeño negocio de campo que vendía bebidas y golosinas. Desde ese lugar nos veía llegar cada 200 técnicas, inicialmente se burlaba en forma exagerada, KIAAAAAAAIIII!! gritaba desde el otro lado de la calle y se reía, nosotros apenas lo escuchábamos muy enfrascados en nuestra tortura... a la siguiente vuelta ahí estaba de nuevo burlándose, a medida que avanzaba el tiempo, 10, 20, 30 minutos, una hora, ya estaba callado y ya a las dos horas no estaba más... Ya se había cansado de mirar y especialmente se dio cuenta que no era un juego, nos habrá visto la cara de desquiciados, no había razón real para burlarse de algo que claramente era serio.

Ya después de la segunda sesión del primer día tenía dos ampollas de tamaño bastante considerable en ambos koshi... bueno... no había nada que se podía hacer, excepto reventarlos y tratar de curarlos cada vez, no habían excusas. Levantarse el segundo día fue toda una hazaña, había traído una colchoneta de espuma para evitar dormir sobre el suelo directamente, lo que no consideré era que el suelo estaría tan irregular y lleno de rocas... por ello a las 5:45 AM cuando me desperté me sentía igual o más adolorido que en la noche cuando me acosté. El cuerpo, de hecho, no respondía, deseabas quedarte ahí sin moverte, los abdominales no podían levantar el cuerpo, por lo que había que girar de lado y usar los adoloridos brazos para levantar el cuerpo. Más deprimente era el tener que ponerse alguno de tus húmedos Karate-gi's del día anterior... Lo único que se podía hacer era descoordinadamente comenzar a caminar e ir gradualmente en aumento hasta un trote adolorido. Ahora entendí por qué los veteranos Shotokai casi siempre empezaban sus entrenamientos caminando en sus clases.

Las sesiones pasaban una tras otra, todas puntuadas por el alivio de haber superado una más y el miedo de tener que enfrentar otra en las condiciones físicas que gradualmente empeoraban... todos estabamos muy emocionados después de cada sesión tratando de animarnos para el siguiente. Una de mis sesiones más memorables fue el Gohon Kumite, probó claramente que estábamos muy bien preparados, demasiado para algunos, por otro lado nadie me alcanzaba, por lo menos hasta que me tocó Javier Rojas, nuevamente me tocó morder el polvo y rodar por el suelo, al igual que con Rodrigo. Después supe que él y Rodrigo eran los más rápidos entre los alumnos de la escuela. Mi mano con el nudillo recientemente quebrado resistió muy bien, aunque quedó un poco hinchado.

Otra sesión memorable fue la de hora y media en Kiba-dachi. Hasta justo antes de la sesión me decía y repetía que no era posible hacerlo, que era imposible estar media hora en Kibadachi menos una hora y media, que era una locura, tratando de ver si despertaba de esa pesadilla! Pero comenzamos, Heyden Sensei nos contaba historias y eso ayudaba a superar el dolor... el dolor exasperante! Pero llegó a suceder un fenómeno interesante, el dolor paraba, recibías 10-15 segundos de bienestar y luego 30-40 segundos de dolor y el ciclo se repetía. Repentinamente había terminado la hora y media y lo habíamos logrado! Quedarse parado normal, hachiji dachi, una hora y media es duro y habíamos superado lo mismo pero en Kiba-dachi! Fuimos levantados (con las piernas fijas y tiesas en kibadachi :-)) y colocados de espalda en el suelo, Sensei nos movía las piernas para que se relajaran, se sentía como si miles de agujas se estuvieran perforando tus piernas.

Una tarde todas las sesiones habían sido superadas, no podíamos creer que el tiempo hubiere pasado tan rápido pero al mismo tiempo parecía una eternidad cuando hacíamos recolección de los hechos. Empacamos nuestras cosas con cierta tristeza pero igualmente felices de haber salido en un trozo completo y con buen ánimo. En mi caso tenía dos grandes hoyos en la bola de mis pies (koshi) que me dolían mucho (tardarían una semana en sanar lo suficiente como para pisar, pero eso era poco precio comparado con morir :-).

Cuando volví a la ciudad, todo se veía más colorido, las cosas bellas más bellas y la fea ciudad de cemento tanto más fea. Pero el efecto desapareció con el tiempo y volvías posteriormente a tu rutina aunque en tu cabeza te quedaba el aprendizaje de que tus limites mentales son ilusiones, no son ni cercanamente lo que piensas que son. Que actúas mejor y con más naturalidad si no piensas, por lo menos en Karate-do. Muchas lecciones se pudieron sacar de esos cuatro días del Entrenamiento Especial.

Después del evento te decías "eso estuvo completamente de locos! No hay manera alguna de que vaya nuevamente a una de esas!" y a medida que se acerca el siguiente ahí estás listo para el próximo...!

Muchas gracias Heyden Sensei por mantener los entrenamientos especiales vivos, son indispensables para la verdadera práctica de Karate-do, sin ellos la práctica nunca sería tan profunda.

Osu,

3 de Octubre, 1998

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