EL ARTE DE NAVEGAR POR EL RIO



Comentarios aclaratorios de Humberto Heyden Sensei sobre su visión de las claras diferencias entre la competencia y el arte


Muchas veces se plantea que karate deportivo y Karate-do no son una misma cosa, mientras que otras esgrimen lo contrario. Quisiera señalar mi opinión personal al respecto.

Imaginémonos dos personas que gustan de viajar en bote a lo largo de un río. Ambos usan el mismo bote, el mismo equipo en general y realizan la misma trayectoria por cientos de kilómetros, llegando al mismo destino. Así lo han hecho durante años. Ambos aman su actividad y como aman su actividad han comenzado a enseñar a otras personas, haciéndolos participes de los que ellos disfrutan. Pero uno, ha reunido a un grupo de personas y ha organizado un torneo, en él han propuesto el mismo lugar de partida y la misma meta, que inicialmente tenía el recorrido. Luego su actividad se ha convertido en un éxito y ahora realiza torneos todos los años y en diferentes temporadas. Ahora se ha convertido en un instructor famoso y la cantidad de adeptos que ha generado es enorme. Todos quieren competir por ser el que llega primero a la meta. Como el río es peligroso, ha significado, para estas nuevas generaciones de remeros, aprender una serie de técnicas, que requieren de varios años de trabajo intenso, dominando técnicas para vencer a los demás. Se dice que este es realmente un enfrentamiento consigo mismo y que el dominio de las técnicas sólo están representando el dominio del hombre sobre si mismo, pero aún así su mayor nivel de expresión está en ganarle a otro, en salir campeón. De más esta decir la aceptación social que esto implica, pues muchos los ven ganar ¿si no, que sentido tendría? Aunque, para muchos, de todos modos vale la pena.


Uno apunta a la opulencia, al despliegue, a la fastuosidad, a la celebración, a la vanidad, a la superficialidad. El otro apunto al sentimiento, al recogimiento interior, a la armonía, a la integración a la naturaleza y, en algunos, al éxtasis, al misticismo, a Dios.

Pero las personas originales eran dos. ¿Qué ha pasado con el otro?

La otra persona que gustaba viajar en bote a lo largo del río, aún lo hace y como ama su actividad ha querido hacer participe a otros. Se ha convertido en instructor. Enseña, al igual que el otro, los secretos del arte de bajar el río en bote. Ha enseñado a disfrutar a bajar por el río, a sentirlo, a amarlo, además de todos los secretos técnicos para poderlo hacer con el menor riesgo posible. Pero no enseña a competir, ni por casualidad. Sólo enseña a bajar por el río a lo largo de los cientos de kilómetros que dura la travesía. Al igual que su colega conoce todo los secretos del río y el arte de bajar por el río en bote. Sólo, que su objetivo no es la meta. Su objetivo es el viaje mismo y en ese proceso sus alumnos han aprendido mucho sobre el río, sobre botes y sobre si mismos, pero, tal vez, en el fondo no han aprendido nada, sólo han vivido y lo han disfrutado, y en ese proceso han descubierto un mundo dentro de si mismo y con esto han descubierto a los que los rodean. Han aprendido de si mismos y de sus amigos, han aprendido de la flora y de la fauna, han aprendido a vivir un poco más.

Ahora ambos se han hecho viejos y siguen enseñando a muchos adeptos. Aún usan equipo similar, usan los mismos botes, los mismos remos y el mismo río y muchas personas del público piensan que enseñan y practican lo mismo. Esto debido a que usan el mismo equipo y el mismo río. Pero la verdad es diferente, y es tan diferente que no existe ninguna relación entre las dos actividades, obedecen a realidades interiores muy distintas. Un camino es práctico y utilitario y se transforma en un camino externo que necesita de títulos, distinciones, trofeos, medallas, etc. El otro es un camino que no utilitario, es afectivo, es integrador, es un camino interno que apunta a la sensibilidad del hombre y a su capacidad de ir encontrando lo más profundo en lo más simple. Son diametralmente opuestos. Uno apunta a la opulencia, al despliegue, a la fastuosidad, a la celebración, a la vanidad, a la superficialidad. El otro apunto al sentimiento, al recogimiento interior, a la armonía, a la integración a la naturaleza y, en algunos, al éxtasis, al misticismo, a Dios.

¿Si alguien tiene la experiencia, cómo puede enseñar competición?


Humberto Heyden Sensei

Julio 1, 1997.

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